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Los años finales del siglo XIX y los iniciales del XX supusieron el punto álgido del movimiento migratorio asturiano a ultramar, y el concejo de Boal, lastrado por la precaria situación del campo y el declive del sector clavero, no fue ajeno a ello.

Su destino mayoritario fue la isla de Cuba (se calcula que entre 1881 y 1931 más de 2.500 naturales de Boal emigraron exclusivamente a este país caribeño), seguida ya a cierta distancia de la República de La Argentina. Otros países iberoamericanos como México o Chile también recibieron emigrantes boaleses, aunque su número fue casi insignificante, pudiendo considerarse como algo meramente testimonial.

La comunidad boalesa en el exterior se caracterizó por dedicarse mayoritariamente al comercio y la hostelería, aunque no dejó de lado sectores como la industria, la agricultura o la construcción. Tampoco debe de olvidarse su contribución al mundo de la cultura y el arte, contando Boal con ilustres representantes en la figura del periodista y escritor Celestino Álvarez (hijo predilecto de Asturias), el poeta Salvador Díaz, el pintor Juan Peláez y el marchante de arte Rosendo Martínez.

Con el convencimiento de que la educación era la única manera de prosperar, los boaleses y boalesas de ultramar se empeñaron en llenar de escuelas las aldeas de su tierra natal. La Sociedad de Naturales de Boal en La Habana, constituida en 1911, levantó veintiuna escuelas en el concejo, financiadas con las cuotas de sus socios y socias, haciendo el caso de Boal como único ya que ni siquiera las guerras les hicieron cejar en su empeño pues siguieron construyendo escuelas hasta los años 50.

Además de este encomiable sentido de solidaridad y apuesta por la educación en su concejo, llevaron a cabo otras muchas obras en beneficio de sus paisanos/as, y así, contamos con muestra de ello en obras públicas (caminos y carreteras), lavaderos comunitarios…

Los boaleses y las boalesas emigrados no olvidan nunca su terruño teniendo como objetivo la vuelta a sus orígenes y es así como quienes hicieron fortuna comienzan a construir viviendas unifamiliares con unas características propias, emulando las viviendas de ultramar, preferentemente cubanas, para su vuelta o para su familia. La vida del municipio se transforma tanto por las remesas enviadas como por el aporte de tecnología y nuevos estilos de vida.

El concejo de Boal siempre ha reconocido, valorado y apreciado la labor que sus emigrantes han realizado a favor de su comunidad de origen. La generosidad y solidaridad demostrada por estos y estas nunca se han olvidado siendo Boal un concejo que pretende mantenerse fiel al ejemplo de sus paisanos/as trasterrados.

Con esta página, pretendemos recuperar y conservar su legado. Nuestra intención es ir alimentando este archivo con colaboración de los descendientes, a través de historias de vida y fotografías, partiendo del escrupuloso estudio de Enrique Sánchez Braña que relaciona a las personas que salieron del concejo entre finales del siglo XIX y principios del XX.

Además, servirá para aglutinar los documentos escritos y gráficos que se han elaborado sobre el hecho migratorio a ultramar de nuestro concejo.

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